Todos somos uno cuando cada uno somos el otro. En ocasiones
uno no es otro y todos no son uno, es ahí cuando otro se queda fuera. Todos
hablan y escuchan pero no todos escuchan lo que todos hablan, unos escuchan a
otros y otros escuchan a unos, pero ellos no le escuchan. El se acaba.
jueves, 19 de febrero de 2015
martes, 3 de junio de 2014
Acto cuarto
Agacha su cabeza, comienza a reír y tiembla. Su risa es como
un rugido agónico. Tiene los brazos colgando y los balancea hacia los lados
suavemente mientras avanza de forma errática y tambaleándose. Cambia su actitud
repentinamente a una posición algo agresiva aunque no mas demente de lo que ya
es.
La chica da un paso hacia atrás y se asusta un poco.
Corre hacia la puerta y la bloquea poniéndose frente a ella
y extendiendo sus brazos. Levanta la cabeza a la vez que suelta un “buh”, me
mira y dice:
-Pero nada de eso importa ya, ahora yo estoy aquí y tu estas
aquí, y nada ni nadie puede impedir que tu yo nos divirtamos un poco, si no por
que ibas a venir a verme a mi a este lugar. Tus pecas se parecen a las suyas
¿no crees?
Corre hacia mi, se me abalanza con las manos en posición de
desgarrar. Lanza sus uñas hacia mi cara y…
Todo esto junto a aporreos a la puerta que enmascaran
ligeramente las últimas palabras es lo que se encontró en la grabadora de la
desafortunada periodista. La sala esta insonorizada y para cuando entramos ya
era demasiado tarde para ella. Tenía la cara completamente desfigurada y yacía
sobre un charco de sangre. El interno se encontraba sentado en su butaca con
las piernas cruzadas observando lo que momentos antes acababa de hacer sin
ningún tipo de compasión ni cordura. Tenía las manos y el cuerpo cubiertos de
sangre y, tras mencionar lo ocurrido, solo murmuraba palabras sin sentido
alguno. Probablemente la periodista fuese la ultima persona que hablaría con el
pues, tras el incidente, él, el interno, fue trasladado a un psiquiátrico de
alta seguridad y fue aislado en una celdilla, según los que lo ordenaron, de
por vida. Tras esto no se supo nada mas de este hombre y esta mujer, que
buscaba fama a cualquier precio y al final la encontró, por el mas alto.
Y con este acto concluye la historia que comenzó este sábado pasado. Espero que os haya gustado ya que es la primera vez que escribo en clave de "suspense". Próximamente mas y mejor si cabe. Un saludo y no olvidéis comentar.
lunes, 2 de junio de 2014
Acto tercero
Pasan algunas horas de tediosa espera y me dicen que puedo
entrar de nuevo, si aun lo deseaba después de ver lo ocurrido, en la sala. El
hombre que me lo dice me mira con cara de desprecio y asombro todo junto cuando
le respondo con una afirmativa a su sugerencia.
Entro en la sala y le encuentro tumbado en el centro de la
sala, donde antes se encontraba la butaca que ahora reposa en el suelo, en
posición del ángel mirando hacia arriba. Al sentirme entrar incorpora
ligeramente la cabeza y clava sus ojos salvajes en los míos. En ese momento
siento como se me hiela el cuerpo.
Mientras avanzo hacia delante para situarme mas cerca del
él, siempre manteniendo una distancia prudente, se oye como la puerta se cierra
tras de mi con un portazo, entonces él me sorprende con un “ya tardabas” con un
tono ligeramente imperativo. Seguidamente reencauza su historia sin mediar mas
palabra.
-Salimos varias veces. A ella le gustaba bastante pasar el
tiempo conmigo. Llegamos a quedar hasta varias veces por semana. Íbamos juntos
a tomar refrescos a bares, a dar paseos por la ciudad. Pasábamos alguna tarde
en su casa, o en la mía, y siempre me decía: “Eres diferente a los demás y eso
me gusta”. A mi me gustaba ella su cara, todo, pero no la aguantaba. Siempre
escuchaba esa vocecita “ñi ñi ñi” no se cansaba.
Él eleva su cuerpo quedando sentado en el suelo y cruza sus
piernas. Su expresión cambia a una algo mas preocupada. De hecho podría decirse
que sentía casi pena. Prosigue:
-Ya llevábamos casi un año así y yo lo tenia muy claro desde
el primer momento pero parecía que a ella
se le había olvidado. Se enfadaba conmigo. Me decía que a veces parecía
que no la hacia caso, o que simplemente la miraba embobado. Sentía como se
alejaba. Entonces pensé: “Quizá me este demorando demasiado en lo que acordamos
y se halla cansado”. En aquel momento lo decidí sin vuelta atrás, seria hoy. No
podía dejar que una idea tan clara, tan directa se desaprovechase.
Su cara se vuelve mas demente de lo normal con un ligero
matiz de vicio atormentador.
-Esa misma noche nos vimos y lo hice. Cumplí con lo que le
dije el día que la conocí. Nos sentamos en mi sofá los dos juntos, saque mi
cuter, y comencé a unir todas y cada una de sus pecas como si de constelaciones
ignotas se tratasen. Ella gritaba. Gritaba mucho y se retorcía. La tape la boca
con la mano y la inmovilice con el cuerpo. Creo que la gustaba resistirse.
Cuando acabe la solté y ella me intento golpear, no entiendo por que, entonces
fue un acto reflejo el pasarle el cuter por el cuello. Inmediatamente llame a
emergencias pues yo no quería hacerla nada mas halla de lo que me pidió. No la
volví a ver nunca más.
domingo, 1 de junio de 2014
Acto segundo
El flexo nos golpea con su luz y un zumbido desde la
absoluta oscuridad.
Nuestro sujeto podría pasar horas hablando y no comprenderíamos
nada de lo que dice, eso nos han contado, pero se esfuerza por que esto lo entendamos,
o al menos eso parece.
Sus muecas, sus gestos, su semblante. Jamás había visto
semejante desprecio por todo. Habla de todo ello con total naturalidad, como el
que te cuenta lo que hizo el sábado anterior mientras toma un café sentado en una terraza.
Miro su cara seria, que aun desprende todas esas
desquiciantes sensaciones mientras él continua relatándonos su vesania.
- Me miraba y sonreía, parecía que aquella pobre chica no
entendía nada. Fue muy insistente y acabamos quedando una tarde ella y yo
solos, hizo hincapié en esta última parte. Me sorprendió pues la gente
habitualmente prefiere encontrarse conmigo en lugares un poco mas poblados por
decirlo de alguna manera. Yo la invite a mi casa.
El sujeto para y toma aire muy, muy despacio. Mira a un lado
y a otro. Se reclina hacia adelante y coloca su brazo sobre su rodilla a la vez
que agita suavemente hacia los lados su dedo índice extendido. Y avanza.
- En mi casa no paraba de husmear todo. Observaba y
toqueteaba. Me estaba molestando, todo le parecía precioso. Y ahí, en mi casa,
como si me lo estuviese pidiendo, dijo claramente mientras se sentaba en mi
sofá sin permiso alguno “Ya no hay personas como tu, esa frase tan romántica
cuando me conociste, ¿la tenias preparada? Fue preciosa” yo no podía contestar
otra cosa que no fuese un si. Lo estaba deseando y ella también quería. Pero yo
no soy un cualquiera, no me entrego a cualquiera que se me cruce. Además era preciosa,
era perfecta, demasiado, era, era…
Dando un golpe con sus dos manos a la vez en el frente de su
butaca se levanta, la butaca cae hacia atrás, y comienza a caminar en círculos
airado. Me recomiendan que salga un rato fuera.
Él parece mostrarse cooperativo, cosa que nunca había hecho
según me están informando. Me perturba aun mas la idea de que quizá yo sea la
única persona con la que habla desde entonces.
La luz comienza a desvanecerse.
sábado, 31 de mayo de 2014
Acto primero
Hola a todos, partiendo de hoy y durante los próximos cuatro días voy a subir cuatro actos que conforman un relato de suspense que he creado días atrás. Este relato esta basado en una microhistoria de una amiga la cual podréis leer en su blog, os dejo el enlace directo a la estrada: http://incoherenciasinconexas.blogspot.com.es/2014/04/pecas-microrrelato-750.html
os recomiendo encarecidamente una lectura de esta historia antes de proceder con la mía, aunque no es indispensable la una para disfrutar de la otra, para los mas baguetes.
Sin mas preámbulos os dejo con el acto primero:
Su rostro cambia totalmente. Toma facciones serias mas profundas. La luz
del flexo se atenúa muy despacio mientras la imagen se aleja a una velocidad
equivalente hasta quedar todo oscuro. Negro.
os recomiendo encarecidamente una lectura de esta historia antes de proceder con la mía, aunque no es indispensable la una para disfrutar de la otra, para los mas baguetes.
Sin mas preámbulos os dejo con el acto primero:
Tono gris, quizá con filtro o simplemente tono apagado de
luz, es una habitación cuadrada, pequeña, tiene una cenefa verde pálido muy
descolorida, en la pared del fondo un ventanuco cuadrado con el borde de hierro
y un barrote doblado en el centro. Ilumina la sala un flexo, verde también, que
reposa sobre una mesa baja de madera redonda con un mantelito verde muy oscuro.
En el centro de la sala una butaca blanca, y en ella sentado, pero no de la
forma habitual, si no cruzado con las piernas por encima de un reposa-brazos y
su cabeza colgando desde el otro mirando hacia nosotros se encuentra él.
Viste un pijama el cual podría verse casi como un pijama
uniformado. La imagen se acerca a el como si se entrase desde el exterior de la
habitación y se detiene a un par de metros. Tiene el pelo a media longitud,
enmarañado y una mirada vacía. Transmite algo pero no sabes el que pues jamás
te habías encontrado ante semejante sentimiento. Decir que es como si el fin
estuviese en sus ojos era lo único a lo que se podría hacer referencia. Se
escucha silencio. No el silencio mas puro pues en nuestro silencio recibes
sinuosidades del ambiente.
Esperas. Te lo transmite lentamente. Y empieza a hablar:
-Se lo deje muy claro cuando la conocí y me creyó un tipo
chistoso. Estaba de espaldas la primera vez que la ví, y su cara con pecas me
enamoro aun mas cuando se volteo al oír pasos tras de ella. Era tarde y no
quedaba mucha gente. Al verme debió sentir tranquilidad de haber visto mi cara
alguna vez por aquí. No debió sentirla.
Tras ello empieza a reír suavemente, muy suave casi un
susurro, aunque era una risa muy acelerada la guarda toda en el. Se reincorpora
en el asiento y continúa contándonos aquella atrocidad.
-Al día siguiente se me acerca como si me conociese de
siempre, como si fuese su colega, y me dice “menudo susto me diste ayer” y yo la conteste que quería contar cuantas
pequeñas manchitas albergaba su piel. Que quería recorrerlas y unirlas como si
de constelaciones ignotas se tratasen. A partir de aquí surgió el malentendido.
viernes, 9 de mayo de 2014
La mañana
Entra en el cubículo y apoya su espalda en la pared a la vez
que cierra las puertas. Coloca la mano sobre la llave de paso y medita.
Se siente cansado, sucio, obsoleto.
Su mirada se dirige al suelo.
Gira la llave y comienzan a punzarlo gotas frías que arrastran
todo de él.
Desliza el cansancio, la suciedad, la obsolescencia. A ello
le sigue el pelo, la piel. Se va desnudando de sus músculos, venas, tendones,
nervios. Quedan sus huesos fríos e inertes que caen como una torre que se
desmorona.
Todo ello se pulveriza, se disuelve y gira mientras es
engullido por el desagüe, el cual emite un alarido gutural como si la sopa de
restos se atragantase al desvanecerse a través de las cañerías.
Finalmente el cubículo queda vacío, impoluto, perfectamente
dispuesto para su próximo uso.
miércoles, 7 de mayo de 2014
El Busto
Sobre una tabla un bloque de barro y, como la tierra, gira, haciendo del paso del tiempo una herramienta de modelado, que, entusiasta en su inicio, moldea bellas formas. El avance desvirtúa la idea primigenia, no de forma meditada, la cual sigue siendo la misma en esencia, pero una desfiguración titubeante a los ojos llanos. A pesar del arduo esfuerzo por devolver ese esplendor, las cansadas manos no consiguen mas que deformarlo aun más todo, y creense herramienta inútil. Pero no hay trabajo en vano pues la esencia continua pura, siendo la verdadera esencia algo eterno...
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